El dolor de pies es mucho más frecuente de lo que pensamos. Después de caminar más de lo habitual, estrenar calzado, pasar muchas horas de pie o realizar una actividad deportiva intensa, es relativamente normal que aparezcan molestias.
Sin embargo, el dolor no debería convertirse en algo habitual. Cuando una molestia persiste, se repite con frecuencia o empieza a limitar nuestra actividad diaria, puede estar avisándonos de que existe un problema que conviene valorar.
Entonces, ¿cómo podemos diferenciar una molestia pasajera de un dolor por el que deberíamos acudir al podólogo?
¿Cuándo puede considerarse una molestia puntual?
Un dolor leve puede aparecer después de una situación concreta: una caminata larga, un entrenamiento más intenso de lo habitual, muchas horas de pie o el uso de un calzado inadecuado.
En estos casos, normalmente podemos identificar claramente qué ha provocado la molestia y esta mejora progresivamente con descanso y al evitar la actividad que la desencadenó.
El problema aparece cuando pasan los días y el dolor continúa, cuando desaparece y vuelve repetidamente o cuando cada vez necesitamos reducir más nuestra actividad para evitarlo.
7 señales que indican que deberías consultar al podólogo
El dolor aparece una y otra vez
Una de las señales más importantes no es necesariamente la intensidad del dolor, sino su frecuencia.
Si cada vez que corres, caminas una determinada distancia, practicas deporte o utilizas cierto calzado aparece el mismo dolor, puede existir una alteración biomecánica, una sobrecarga o alguna estructura del pie que esté trabajando de forma inadecuada.
Un dolor recurrente merece ser estudiado.
Te duele al levantarte por la mañana
El dolor en el talón o en la planta del pie durante los primeros pasos de la mañana es una consulta muy habitual.
Aunque después de caminar unos minutos pueda disminuir, no significa necesariamente que el problema haya desaparecido. Este patrón puede aparecer, entre otras causas, en procesos relacionados con la fascia plantar o con determinadas sobrecargas del pie.
Si se mantiene durante varios días o semanas, es recomendable realizar una valoración.
Has empezado a caminar de manera diferente
Si el dolor hace que cojees, apoyes más un pie que otro o modifiques tu forma habitual de caminar, no conviene acostumbrarse a esa situación.
El organismo intenta evitar automáticamente la zona dolorosa y esto puede terminar provocando sobrecargas en otras estructuras.
En estos casos, además de localizar el origen del dolor, puede resultar útil estudiar cómo apoyamos y cómo funciona el pie durante la marcha.
El dolor aparece cada vez antes cuando haces deporte
Este es especialmente importante en corredores y personas físicamente activas.
Puede comenzar como una pequeña molestia después de entrenar. Posteriormente aparece durante el entrenamiento y, con el tiempo, empieza prácticamente desde el inicio.
Esa progresión es una señal de que deberíamos estudiar qué está ocurriendo antes de que el problema limite completamente la actividad deportiva.
Hay inflamación, enrojecimiento o aumento de temperatura
Cuando una zona del pie se encuentra claramente inflamada, roja o caliente y no existe una explicación evidente, conviene valorarla.
Si además aparece dolor intenso, una herida, secreción, fiebre o imposibilidad para apoyar el pie, la valoración médica debe realizarse con mayor rapidez.
Sientes hormigueo, ardor o pérdida de sensibilidad
No todos los problemas de los pies producen simplemente dolor.
Sensaciones como hormigueo, quemazón, adormecimiento o pérdida de sensibilidad pueden indicar afectación nerviosa y no deberían ignorarse, especialmente cuando persisten o aumentan progresivamente.
El dolor está afectando a tu vida diaria
Probablemente esta sea la regla más sencilla.
Si has dejado de correr, caminar, practicar tu deporte habitual, utilizar determinado calzado o realizar actividades cotidianas debido al dolor, es recomendable consultar.
No es necesario esperar a que el dolor sea insoportable para acudir al podólogo.
Especial atención si tienes diabetes
Las personas con diabetes deben prestar especial atención a cualquier cambio que aparezca en sus pies.
Una pequeña herida puede pasar inadvertida cuando existe disminución de la sensibilidad y determinados problemas pueden evolucionar más rápidamente.
Por este motivo, la aparición de heridas, cambios de coloración, inflamación, calor, pérdida de sensibilidad o lesiones que no cicatrizan correctamente requiere una valoración profesional.
¿Qué puede estudiar el podólogo cuando existe dolor?
La consulta no consiste únicamente en observar dónde duele.
Dependiendo del caso, el podólogo puede valorar la movilidad de las articulaciones, la musculatura, la forma del pie, las zonas de presión y la manera en la que el paciente camina o corre.
Cuando está indicado, un estudio biomecánico de la pisada permite analizar cómo funcionan los pies durante el apoyo y el movimiento y comprobar si existe algún factor mecánico relacionado con las molestias.
El objetivo no es simplemente aliviar el dolor, sino intentar identificar su causa y evitar que vuelva a aparecer.
Entonces, ¿cuándo debería pedir cita?
Podemos utilizar una regla sencilla:
Una molestia leve, con una causa clara y que mejora progresivamente puede observarse durante unos días.
Pero si el dolor persiste, reaparece, aumenta, modifica nuestra manera de caminar o nos impide realizar nuestras actividades habituales, merece la pena realizar una valoración podológica.
Y ante un dolor muy intenso después de una lesión, incapacidad para apoyar el pie, una herida importante o signos claros de infección, debemos buscar atención sanitaria sin demora.
No te acostumbres a vivir con dolor de pies
Muchas personas llegan a consulta después de meses diciendo: “Pensaba que ya se me pasaría”.
En ocasiones ocurre, pero otras veces esperar hace que un problema inicialmente sencillo termine siendo más difícil de resolver.
Nuestros pies soportan nuestro peso y nos permiten caminar, trabajar y practicar deporte cada día. Escuchar las señales que nos envían también forma parte de cuidarlos.
Si tienes dolor en los pies y no sabes cuál es su origen, una valoración podológica puede ayudarte a determinar qué está ocurriendo y cuál es el tratamiento más adecuado para tu caso.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una valoración sanitaria individualizada.
